Hay mujeres que aun pudiendo disfrutar del orgasmo sin dificultad por diversos modos de estimulación, esperan ansiosas el momento de vivir el orgasmo durante la penetración; algunas evitan cualquier estimulación y hasta rechazan la relación de coito, aduciendo las consabidas excusas de cansancio, dolor de cabeza, etc.
La actitud del hombre que, además de su rapidez, arrastra una deficiente preparación para la relación de pareja y para la relación sexual, suele afectar profundamente a la mujer ya en los primeros años de convivencia. Lo que realmente lamentan muchas mujeres es que el hombre no atienda las necesidades afectivas y sexuales de éstas antes o después de haber quedado él satisfecho.
Para los hombres, la eyaculación precoz es con frecuencia responsable de una falta
de motivación para los actos sexuales, una desvalorización de su propia imagen
y la evolución puede llegar a una impotencia psicológica.
Para la mujer la eyaculación precoz de su compañero puede también llegar a una falta de motivación para hacer el amor, una ausencia del orgasmo y puede evolucionar hasta una frigidez secundaria. Para la pareja, la evolución se dirige sobre la ruptura de la comunicación afectiva, sensual y erótica, lo que conduce a menudo a una separación de la misma.
Durante los primeros años de convivencia en pareja, la mujer ve a veces satisfechas sus necesidades afectivas y sexuales sin la necesidad de llegar al orgasmo en la relación, sobre todo si no ha tenido anteriormente experiencias sexuales satisfactorias.
Con el paso de los años, si el hombre no ha acudido a un profesional y el problema continúa, la mujer llega a la convicción de que ella significa muy poco para su compañero; experimenta cambios en su estado de ánimo y en su comportamiento que la conducen a la pérdida de ilusión y al desencanto.
Cuando la mujer, como consecuencia de la eyaculación precoz del hombre, no llega a disfrutar en la relación sexual, aparte de experimentar los tan comentados síntomas de frialdad, inapetencia, monotonía, falta de iniciativa, dolores de cabeza, dificultad en reconciliar el sueño, desinterés por el sexo, etc., sufre otras alteraciones psíquicas. La situación la lleva a veces a sentir molestias físicas internas profundas, dolores intensos en la zona de los ovarios, malestar pélvico y lumbar, etc. Estas dolencias van acompañadas a veces de alta irritabilidad y de un estado de nervios difícil de soportar, debido a la vaso dilatación pelviana que tiene lugar durante la fase de excitación sexual y no llega a la resolución o descongestión de la sangre en la pelvis durante el orgasmo.
La mujer padece estos dolores y molestias muchas veces en silencio, sin atreverse a comunicar nada a su pareja por diferentes razones, bien por la falta de comunicación en temas relacionados con el sexo, bien por vergüenza, bien porque piense que él no la va a comprender, que no le va a dar importancia o, incluso, que pueda interpretar esas reacciones como exageraciones e impropias de una mujer normal.

La mujer pasa de la simple aceptación del coito, a la vivencia pasiva del mismo,
a permitirlo resignada y, finalmente, a tomar la relación sexual como una obligación.
Comienzan entonces los conocidos síntomas de la mujer que no disfruta del acto sexual: inapetencia, pasividad, excusas, dolores de cabeza, aplicación frenética a las tareas de la casa, dedicación a los hijos, etc.
Como hemos señalado anteriormente, lo que a veces más le afecta a la mujer no es tanto el llegar o no al orgasmo durante la penetración, sino la actitud de despreocupación que muestra el hombre al iniciar de modo precipitado la relación, buscando con ansiedad la penetración por temor a no conseguirlo, por temor a correrse antes de penetrar si se entretiene demasiado. En ocasiones la mujer llega a sentir que su cuerpo está siendo víctima de una violación.
Es difícil comprender el estado de ánimo de la mujer, su sensación de abandono, impotencia, menosprecio e indignación, cuando ha vivido durante años, no sólo sin llegar al orgasmo, sino pasando por momentos de amargura, soledad e incomprensión, y sin que su compañero se enterara de que por la rapidez, la relación sexual entre ellos ha sido un desastre limitándose a un breve momento, a un fugaz contacto seguido del orgasmo masculino. El desconcierto de la mujer puede ser tal que se echa a sí misma la culpa de que no funcionen las relaciones, piensa que es ella la que no funciona bien, duda de si su comportamiento sexual normal o no, etc. La situación puede continuar sin que el hombre ponga remedio hasta que un día la mujer se planta y se dice: "ya está bien, de aquí no paso", y se terminan los contactos sexuales o inicia ella una relación con otro hombre.